Arcano V: Sumo Sacerdote y Hierofante


“Claves del Tarot Rider-Waite”, Arthur Edwar Waite. Obelisco, 1989.

Lleva una triple corona y está sentado entre dos pilares, pero éstos no son los del Templo que está guardado por la Gran Sacerdotisa. En su mano izquierda lleva un cetro rematado por una triple cruz, mientras que con su mano derecha hace el bien conocido signo del esoterismo, distinguiendo entre las partes conciliadas y manifestadas de la doctrina. Es destacable, en esta relación, que la Gran Sacerdotisa no hace ninguna especie de signo con las manos. A los pies del Hierofante se encuentran dos llaves cruzadas, y dos sacerdotes ministeriales arrodillados frente a él. Corrientemente se le ha llamado el Papa, que simplemente es una aplicación particular de un oficio más extendido, oficio que el Hierofante simboliza. 

Él es el poder regente de la religión externa, y como la Gran Sacerdotisa, representa al genio prevalente de lo esotérico. Los significados apropiados de esta carta han sufrido lamentables mescolanzas por casi todas la manos. El Gran Oriente dice que verdaderamente el Hierofante representa el poder de las claves, el de la doctrina esotérica ortodoxa, y al otro lado de la vida que está conducido por la doctrina; pero el Hierofante no es ciertamente el príncipe de la doctrina oculta, como otro comentarista ha sugerido.

 El HIEROFANTE Tarot Rider-Waite

Preferentemente representa a la summa totias thealogiae, cuando ésta ha pasado por la más rígida y severa expresión; pero también simboliza a las cosas que son rectas y sagradas en el mundo manifestado. De este modo, él es el canal de la gracia perteneciente al mundo de las instituciones, distinto al mundo de la Naturaleza, y también es el líder de la salvación de la raza humana a la larga. Él es el orden y la cabeza de la jerarquía reconocida, la cual es el reflejo de otra jerarquía más superior y elevada; pero a veces sucede que el Pontífice olvida el significado de su estado simbólico, y actúa como si en él estuvieran contenidas todas las medidas que sus señales representan, o deja que su simbolismo trate de mostrarse por sí mismo. Él no es, como pudiera pensarse, la filosofía, excepto en su aspecto teológico; no es la inspiración; y no es la religión, aunque sea un modo de expresión religiosa.

“La Vía del Tarot”, Jodorowsky y Marianne Costa. Siruela, 2004

V – El Papa – Mediador, puente, ideal.

El Papa tiene el número V. Este número evoluciona desde un asentamiento completo en la realidad (4) para ponerse un objetivo más allá de su situación. El Papa da un paso más que El Emperador, establece un puente que permite ir hacia ese ideal. En su acción de maestro o de pontífice, es receptivo hacia lo alto, el cielo, y activo hacia lo bajo, la tierra. Lo que recibe de arriba, lo transmite a lo que tiene por debajo, a sus discípulos. Asimismo, transmite las plegarias de sus alumnos a la divinidad, uniendo así el cielo con la tierra. Podría decirse que representa el punto de encuentro de los contrarios, el centro de la cruz entre lo alto y lo bajo, la derecha y la izquierda. Es, por tanto, un lugar de circulación entre esos diferentes polos, que pueden comunicarse a través de él.

Visto positivamente, EL Papa es un gran maestro, un iniciador, un guía que nos indica un objetivo en la vida. El respaldo de su trono se compone de barrotes, como una escala; puede decirse que une grado a grado el cuerpo con el espíritu. Su báculo de tres niveles nos indica que ha dominado el mundo de la materia, el del sexo, el de las emociones, y su intelecto para convertirlos en una unidad. Asimismo, su mitra de cuatro niveles representa las cuatro instancias del ser (cuerpo, sexo, corazón y cerebro), que culminan en un único punto en el ápice, pequeño círculo naranja que toca el marco de la carta: la unidad interior.

Al igual que La Papisa, El Papa tiene vocación de encarnar la unidad divina y enseñarla en la medida de lo posible. Bajo sus barbas, a la altura de la garganta, el cierre verde de su mano representa un punto en un círculo, símbolo del ser individual que encierra en su centro vivo un ser esencial. Desde este principio impersonal recibe y transmite sus enseñanzas. También puede verse en ello la inmensa labor de concentración que El Papa ha tenido que llevar a cabo para llegar a ser lo que es.

En cada una de sus manos lleva una cruz, señal de su modo de actuar sagrado y desinteresado. La mano que sostiene el báculo es de color azul cielo, como la mano de El Ermitaño. Se puede ver en esto la señal de una extrema receptividad espiritual en la acción y, si se interpreta este color como un guante, una referencia a la tradición religiosa cristiana, en que la mano enguantada del cardenal dejaba de pertenecerle para convertirse en un mero instrumento de la voluntad divina. La otra mano es de color carne, recuerda el papel de conciliador de El Papa, mediador de los contrarios. Uniendo el índice y el medio (el intelecto y el corazón), bendice el mundo de la encarnación.

Su cabello blanco está impregnado de pureza, pero las dos cintas rojas nos señalan que se trata de una pureza activa. Una parte de la barba también es blanca, pero alrededor de la boca adquiere un color azul cielo, como indicando que la palabra del Papa es recibida (el azul es un color receptivo, ver págs. 117 y ss.) Podría verse también la marca de un sigilo inexorable: maestro o profesor, sacerdote o profeta, el Papa no puede transmitirlo todo, conserva una parte de secreto, algo indecible, en lo que enseña.

Lo acompañan sus dos discípulos o acólitos. Obsérvese que es la primera carta de la serie decimal en que se encuentra más de un solo ser humano. Hasta aquí, los personajes estaban solos o acompañados de animales, símbolos de sus fuerzas instintivas o espirituales. Pero el Papa no existiría sin los discípulos que tienen fe en su enseñanza. Estos dos acólitos representan dos posiciones distintas. Se puede observar que el giro de sus cabellos tonsurados se invierte de uno a otro: el discípulo de la izquierda, que tiene una mano alzada, como para preguntar, y la otra bajada, tiene el pelo orientado en el sentido de las agujas del reloj. El Papa no mira en su dirección. Quizá sea porque el discípulo está en el error: el movimiento de su tonsura indicaría entonces la involución, el regreso hacia atrás, en contraste con la evolución del discípulo de la derecha.Quizá también porque representa lo que se ha llamado, en la tradición alquímica, la “Vía seca”, la del estudio y del esfuerzo. El discípulo de la derecha, por el contrario, recibe directamente las enseñanzas del Papa a través del báculo que toca su cabeza; encarna la “Vía húmeda”, la de la recepción inmediata, la de la iluminación y la revelación. Su tonsura está orientada en sentido inverso al de las agujas del reloj, y lleva en la mano un objeto curioso, puñal o boliche, cuya interpretación puede variar infinitamente. ¿Tiene una actitud lúdica? ¿Se dispone a asesinar al maestro? ¿Es un hijo que, impulsado por su complejo de Edipo, se dispone a castrar al padre? (La desnudez está sugerida por la mancha de color carne que tiene delante.)

Estas interpretaciones nos llevan a estudiar los aspectos negativos de El Papa: del tartufo al gurú ávido de riquezas, pasando por el padre abusivo, el maestro injusto, el hipócrita, el perverso… El Papa, como todos los arcanos, tiene su lado oscuro. Cabe hacerse preguntas sobre las formas vagas y misteriosas que se despliegan por debajo de su cintura, poner en tela de juicio su sexualidad, su afán de poder. Pero también se puede decir que transmite la fe, la que ha recibido, a la humanidad. A diferencia de la Papisa. El Papa actúa en el mundo. Podría decirse que se apoya en el templo, cuya puerta está cerrada, para presentarse en público y comunicar su experiencia de Dios a la multitud.

En una lectura. 
El Papa puede representar un maestro, un guía, un profesor, pero también una figura paterna idealizada (los acólitos parecerían entonces sus hijos), un hombre casado, un santo. Simboliza así mismo un acto de comunicación, una unión, una boda, y todos los medios por los cuales uno se comunica. Como puente o pontífice, El Papa evoca una comunicación dirigida, que sabe adónde va. Después de la acumulación de La Papisa, que prepara el nacimiento, el estallido sin objetivo de la Emperatriz y la estabilidad de El Emperador. El Papa aporta un ideal. Aun permaneciendo en la maestría, indica con certeza un camino hacia una dimensión ideal.

Y si el Papa hablara… 
“Ante todo, soy un mediador de mí mismo. Entre mi naturaleza espiritual sublime y mi humanidad más instintiva, he elegido ser el lugar en que se produce la relación. Estoy al servicio de esta comunicación entre lo bajo y lo alto, mi misión es unir los aparentes opuestos. Un puente no es una patria, sólo es un lugar de paso. Permite la circulación de las energías creadoras del fenómeno, magníficamente ilusorio, que llamamos existencia. No es aislándome, sino tomando todos los caminos, como comunico la buena nueva.

Encarno la bendición: ante mí, estáis en presencia de un misterio. Habitado por la divinidad, el menor gesto mío adquiere la dignidad de lo sagrado. Para convertirme en el lugar donde transita la voluntad divina, he aprendido a despejar de cualquier obstáculo, incluso el de mis propias huellas, los senderos de mi comunicación. Me conduzco hacia la nada para que el Ser supremo me ocupe por completo. Me conduzco al mutismo para que sea Él solo quien hable. Aparco de mi boca cualquier palabra que me pertenezca, sumerjo mi corazón en la paz y la ausencia de deseos para dejar sitio únicamente a Su amor, y elimino de mi voluntad hasta la voluntad de eliminar la voluntad.

Hay en mí el mismo orden que en el universo. Soy una nave vacía, sin forma, que transporta la luz allá donde la lleve el viento. Me sitúo entre el cielo y la tierra, exhorto a los habitantes de la esperanza a elevarse hasta allí donde no hay límites. A cuando está arraigado en la materia o en el espíritu comunico la potencia superior que da vida a lo inanimado. Por mí, la carne asciende hacia el espíritu para estallar en un sublime fuego de artificio. Por mí, el rebaño de energías angélicas desciende hacia el frío de la materia para disolverse en ondas de calor amante.

Rechazo toda maldición. Bendigo lo que oigo, lo que veo, lo que siento. Llamo al amor, como un ave de dimensiones desmesuradas, para que se pose sobre la pequeñez de un corazón. ¿Qué hago con vuestras riñas de familia, con vuestras penas, con vuestras heridas? Las pongo de rodillas a rezar. Dejadme venid a vosotros: bendeciré todo vuestro mundo, hasta vuestros problemas.

Investid vuestras acciones con mi misión, despertad ante la fuerza de lo sagrado: el menor gesto vuestro, el menor acto, se tornará sagrado a su vez. Conoceréis el éxtasis del que no habla en su propio nombre.

El báculo que veis en mi mano no es un instrumento para dar órdenes. Es el símbolo de mi aniquilación gozosa. He pacificado mis deseos, transformado esta manada de lobos hambrientos en un vuelo de golondrinas que celebran el alba con sus cantos. El océano tumultuoso que agitaba mi corazón lo he convertido en un lago de leche, serena y dulce como la que manaba del seno de la Virgen. Quien tenga sed puede venir a beber de mi espíritu. No niego nada a nadie. Soy la puerta que puede ser abierta por todas las llaves.

Quien entre en mi alma podrá avanzar hasta el límite extremo del universo, hasta el fin de los tiempos: soy la última frontera entre las palabras y lo impensable.”

Entre las interpretaciones tradicionales de esta carta:
Maestro – Profesor – Hombre casado – Hombre espiritual – Boda, unión – Sacerdote – Gurú, sincero o falso – Tartufo – Dogma religioso – Unión entre cielo y tierra – Mostrar la vía – Vínculo – Dominio de uno mismo – Amplitud de miras – Emergencia de un nuevo ideal – Todos los medios de comunicación – Intermediario – Deseo de comunicar – Nueva comunicación – Revelación de los secretos – El padre frente a sus hijos – Guía espiritual – Bendición – Cuestionamiento sobre la fe y el dogma.

Tarot de Marsella – Jodorowsky – Camoin

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